—¡Dios
mío —gritó una mujer—, han volado la mitad de la plaza esos hijos de puta!
La gente comenzó a correr por todas
partes buscando el refugio más cercano. Pasaban por las estructuras en llamas
que tenían atrapados a varios hombres que clamaban a su Dios para que los
salvara de esa pesadilla. Un niño lloraba cerca de los restos de una figura que
había sido calcinada totalmente. Pasaban por encima de los cuerpos bañados en
sangre y hacían crujir los huesos que convertían el lugar en un tronadero.
De
los lados opuestos salieron dos grupos que se pronunciaban palabras que no son
capaces de representar aquí porque la conmoción era incontrolable. Junto a
ellos, otra explosión del lado noroeste de la plaza. Estaban inmersos en una
lucha de cárteles.
Los
hombres armados con pistolas propias de narcos avanzaban rápidamente disparando
hacia el bando contrario. Ya se veían caer mujeres que habían sido heridas por
un plomazo desde las espaldas, hombres que se arrastraban porque tenían un
trozo de metal incrustado en la pierna, cuerpos desfigurados por el impacto de
las balas, y niños que eran lanzados con violencia hacia el otro extremo de la
plaza [...].
Erem Jihe
Christian Jiménez. La fiesta del pueblo. 2012
Para el texto completo:http://www.scribd.com/doc/96069652/La-Fiesta-Del-Pueblo

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